viernes, 14 de octubre de 2011

La Decisión

1º Reyes 18.20 – 21 “Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Entonces Elías, acercándose a todo el pueblo, dijo: --¿Hasta cuándo vacilaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.”

Cuando Elías confrontó al pueblo de Israel en el Monte Carmelo, los israelitas ya venían haciendo las cosas mal adorando a otros dioses de la tierra. Antes de desafiar a los profetas de Baal, el profeta Elías enfrentó al pueblo de Dios con palabras que hoy nos pueden hacer pensar a nosotros.

La palabra clave es: VACILAR. Los israelitas estaban vacilando, titubeando, oscilando, en cuanto a que no tenían un rumbo definido. No estaban comprometidos con único Dios verdadero. Habían perdido la identidad del Pueblo de Dios.

Esto me hace acordar a una de las peores situaciones y de las más infelices que podemos vivir, la de un hijo de Dios indeciso.

No se juega ni por una cosa ni por la otra. Sabiendo que ser discípulo de JESUS es la mejor decisión, elije volver hacia atrás, hacia aquellas cosas que ya había vencido gracias a la relación con el más Grande. Entonces no disfruta de la vida cristiana, de congregarse, de orar, de confiar en Dios, porque su corazón está embarrado con la indecisión y las preocupaciones que son propias de los que no andan caminando cerca de Jesús.

Elías nos invita a jugarnos por Dios y a dejar atrás aquellas cosas que alguna vez ocuparon el lugar de Dios en nuestros corazones. La vacilación nos paraliza y nos llena de dudas.
¿Te estás jugando 100% por Dios, o lo estás reemplazando con otros dioses que ocupan el primer lugar en tu vida?


Fuente: especialidadesjuveniles.com

miércoles, 12 de octubre de 2011

Lo mucho que cuesta mantenerse alejado del pecado por Gabriela Santa Marta



Lo sé, lo sé, claro que lo sé!

Por eso no entiendo nada. De repente encuentro a mi hermana pequeña rebotándome los consejos que yo con mi “gran sabiduría” en algún momento le di:
“Gaby, controla tus pensamientos, mira que todo lo puedes en Cristo. Acuérdate que Dios te ayuda en medio de la prueba”. ¡Claro que lo sé! Sé exactamente que es lo que tengo que hacer. Lo sé tanto que puedo escribir varios libros sobre el tema y más de uno saldría exhortado.

Entonces ¿Qué me pasa? ¿Por qué no lo hago? Este reclamo suena en mi cabeza más de lo que me gustaría. Y puedo llegar a la conclusión de que algo anda mal, pero de repente me encuentro al gran apóstol Pablo en las mismas. (Suspiro)

No me puedo imaginar al apóstol Pablo metiendo la pata una y otra vez, pero así fue:

“Pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Romanos 7:21-25 (NVI)

Y es que al final, todos somos humanos pecadores y sólo a través de Jesucristo encontramos la salida. Y esta frase se convirtió en favorita: Entre más me acerco a El, más me parezco a El, por lo tanto, más me alejo del pecado.

En este proceso algunos vamos muy poquito a poco, pero ya lo dice el refrán: “A camino largo, paso corto”

Fuente: especialidadesjuveniles.com

lunes, 10 de octubre de 2011

Cuando se apagan las Luces por Andrés Corrales

(Éxodo 13:21-22) "Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego".

Cuando era niño no recuerdo nunca haber tenido temor al apagarse las luces al llegar la hora de dormir, y eso que no era precisamente el chico más valiente. Eso sí, un detalle que no puedo dejar de contar es que hasta casi los cinco años dormí con mis padres.

Éramos una familia numerosa en una casa pequeña y eso complicaba el tema que cada uno tuviera su propia habitación, así que en el poco espacio del cuarto de mis padres dormíamos uno de mis hermanos y yo, nos acomodábamos en unas colchonetas al lado de su cama y allí dormíamos.

Yo soy el menor de todos, siempre fui bastante cuidado especialmente por mi madre quien para ella yo era algo más que sus ojos, quizás porque cuando nací casi ambos morimos.

Así que cuando las luces se apagaban yo saltaba y me metía en medio de mis padres, acomodándome entre las frazadas, sentía el calor que sólo tus padres te pueden dar, tal vez no éramos la familia con más comodidades pero yo era un niño feliz al llegar la noche.

Años más tarde me doy cuenta de que las situaciones no siempre caminan bajo la feliz luz de la tranquilidad y que al contrario en muchos pasajes de mi vida he sentido que las luces alguien las apaga. Cuando trato de ver hacia donde seguir, no lo consigo. Veo que ciertos pilares que me producen seguridad se pierden entre las nieblas de lo oscuro, como cuando caigo en la dura y expuesta realidad que no todo está bajo mi control.


No sólo no puedes ver sino que tus sentidos se distorsionan, como si a la brújula de tu vida las mareas de las situaciones la han enloquecido, por instantes lo único que deseas es correr como lo hacen los adolescentes para abrazar su almohada y llorar con ella como si esta les entendiera.

Recordando mi infancia, ahora sé que no era tan valiente, sino que la diferencia la hacía el saltar a la cama de mis padres en cuanto las luces se apagaban, en eso consistía mi valor. No todo es aterrador al apagarse las luces en tu vida, si es que sabes hacia dónde ir. Las sombras no te son tan altas cuando puedes experimentar los brazos de tu Padre.

La maravillosa Gracia de Dios puede contenerte como lo hace una gallina con sus polluelos, cubriéndote con sus alas para que el terror nocturno ni siquiera te roce. Su amor es tan brillante que cuando pienses que no sabes en donde estas, del mismo desierto nocturno el traerá una columna de fuego para calentarte y sabrás donde te encuentras.

Si vas a saltar hacia alguna parte que sea hacia el regazo de Dios, pues este, es el mejor lugar donde podrás estar.

Fuente: http://www.especialidadesjuveniles.com

viernes, 7 de octubre de 2011

Conectados a la Fuente de Poder por Fabricio Chóez Acosta

Juan 15:5 “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada”

¡Qué difícil fue para mí entender la verdad contenida en este pasaje! Durante mucho tiempo viví una vida cristiana muy independiente de Dios, y aunque te parezca disparatado este concepto, así lo era.


Desde que acepté al Señor iba al templo, escuchaba el mensaje y servía en mi congregación. Siempre quise hacer todo “Para agradar a Dios” pero inconscientemente no buscaba ni su guía, ni su consentimiento, y digo inconscientemente porque nadie me había instruido en el tema de estar conectado con Dios para poder servirle.

Empecé desde muy chico, acepté a Cristo a los 13 años y en pocos meses ya era ayudante en la clase de los niños de 5 a 8 años, esto me motivó mucho y me inició en el servicio, pero siempre creí que todo esto venía guiado desde mi deseo de agradarle y no desde el mismo corazón de Dios.

¿Te parece conocida mi historia? ¿Amas más a la obra de Dios o al Dios de la obra? ¿Crees que es posible servir a Dios sin depender del él?

Cuando leí este pasaje y pude ver la realidad yo era mayor, y era tan difícil cambiar el modelo, me había acostumbrado a la forma antigua, pero Jesús ahora me llamaba a depender de Él. No fue fácil, y lo reconozco, aún a veces me cuesta olvidarme de que la obra no es mía, reacciono y vuelvo a conectarme a Él, porque con mis fuerzas el resultado será limitado; pero con el consentimiento, la guía y la dirección de Dios la cosecha siempre será abundante.

Tú puedes ser parte de una generación diferente, de aquellos que creemos que para hacer grandes cosas necesitamos ir a la fuente de poder, conectarnos con Aquel que nos puede dar todo lo que necesitamos para servir con excelencia, ya que sólo a través de Él podremos llevar mucho fruto.

Fuente: http://www.especialidadesjuveniles.com

miércoles, 5 de octubre de 2011

Llenemos los corazones de sonrisas por Fabricio Choez

Proverbios 17:22 "El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos".

Existe algo más importante que ser feliz, y es nada más y nada menos que compartir nuestra felicidad con los demás. La felicidad que se vuelve egoísta es una felicidad momentánea y falsa, ya que no se reproduce en otros y sólo busca la vanidad.

Tuve la oportunidad de conocer personalmente a alguien que muchos piensan que es un personaje de ficción, pero que en la vida real es un ser humano inspirador, con una sensibilidad extraordinaria, él es Patch Adams, el médico alocado que se pone una nariz de payaso y que en el cine fue interpretado por el famoso actor Robin Williams.

En la vida real Patch es igual al que pinta Hollywood, un hombre sencillo y disparatado, con un gran corazón, que busca llenar de sonrisas al mundo, por eso constantemente, junto a decenas de voluntarios “doctores de la risa” cubren cientos de hospitales a nivel mundial haciendo reír a pequeños y grandes. Él cree firmemente que la alegría puede combatir todo tipo de enfermedades.


Algunos expertos indican que mientras reímos liberamos gran cantidad de endorfinas, responsables en buena parte de la sensación de bienestar, y de esta forma la risa permite seguir un tratamiento eficaz en los pacientes.

La Biblia apoya la teoría de Adams. Dice la Palabra de Dios: “Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos”, esto nos indica que la alegría puede lograr grandes cambios y beneficios a nuestra vida, y entonces podemos decir con certeza que ser feliz es sinónimo de salud y sanidad.

Cuando Jesús llega a la vida de cada creyente, llena de felicidad todo su ser, y automáticamente es sanado del pecado que moraba en él, Dios limpia su alma y lo libera de la opresión que vivía. Existe registro de muchos milagros de gente que creyó en Jesús y fue sanada de enfermedades, en algunos casos hasta incurables.

Un reflejo del cambio de vida de un cristiano es vivir la alegría de una nueva vida, demostrar en el rostro que Jesús vive en nosotros. No nos conformemos con vivir una felicidad personal, erradiquemos el egoísmo de nuestro ser, compartamos el gozo de nuestra salvación con otros y testifiquemos de lo que Jesús hace en nuestras vidas. Disfrutemos la felicidad de tener a Jesús en nuestro corazón y también de compartirlo a los demás.




Fuente: especialidadesjuveniles.com

martes, 4 de octubre de 2011


En nuestro próximo culto de jóvenes debemos de asistir con ¡vestimenta Punk! ¿Por qué Punk? Porque conoceremos porqué nuestra fe debe de ser Punk.

¡Así que no te lo pierdas! Este sábado 8 a las 7:00 p.m.


lunes, 3 de octubre de 2011

Rehabilitación del corazón

Gálatas 2:20 "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí"

¿Qué pasaría si por un día Jesús se convirtiera en tí?
¿Qué tal si por 24 hs. Jesús se levantara de tu cama, viviera en tu casa, fuera a tu universidad, a tu trabajo y siguiera tu rutina?

Tu mamá sería la mamá de Él, tus amigos serían los amigos de Él, tus problemas serían sus problemas. Sólo un cambio ocurre: Jesús viviría día y noche tu vida pero con el corazón de él.
¿Notaría la gente algún cambio? ¿Tu familia vería algo nuevo? ¿Qué pasaría con tu carácter y tu forma de pensar?

Imagínate la escena del Maestro guiando y viviendo tu vida.
Nuestros corazones parecen estar muy lejos del de Jesús. Él es puro, nosotros codiciosos, Él es pacífico, nosotros nos preocupamos, Él es agradable, nosotros somos rebeldes, Él es espiritual, nosotros nos distraemos con cosas que no valen la pena. La distancia entre nuestros corazones y el suyo parece descomunal.

Entonces… ¿cómo podemos hacer para tener el corazón de Jesús?
¿¿¿Estás listo/a para una sorpresa??? … YA TIENES el corazón de Jesús!
¿Qué? Sí, ya tienes el corazón de Cristo. Si aceptaste a Cristo como el Salvador de tu vida, y le pediste perdón por tus pecados y te arrepentiste de verdad, entonces el corazón de Jesús esta en tí.

No hay duda al respecto: Dios tiene un plan ambicioso, él mismo que quiere salvar tu alma, anhela rehacer tu corazón.

Lectura biblica: Colosenses 3: 5 -10

Fuente: especialidadesjuveniles.com