miércoles, 27 de junio de 2012

Benignidad por Melina Ruiz (Serie "El fruto del Espíritu" 5/9)


Según el diccionario, una persona benigna es aquella que engendra lo bueno, es amable, gentil, tolerante, amigable, buena, etc.

Una de las parábolas más conocidas que utilizó Jesús es la del “buen samaritano” (Se encuentra en Lucas 10:30-35), que habla acerca de un hombre de Jerusalén que fue asaltado, golpeado y dejado medio muerto. Dos personas pasaron, ¡Y qué personas! Uno era un sacerdote y el otro era un levita, y ninguno hizo nada para ayudar al hombre. Sin embargo, el tercero, un samaritano, que por su nacionalidad, se podría decir que era el que “menos razones” tenía para ayudar al hombre, fue el que sintió misericordia. Este samaritano mostró ser una persona verdaderamente benigna.

La benignidad es parte del fruto del Espíritu y va muy ligado con la bondad, porque ambos tienen que ver con la relación que establecemos con lo demás. Al tratar a los demás con cariño y empatía, estamos manifestando la benignidad. Este producto del fruto del Espíritu es recíproco, ya que no podemos esperar que nos traten bien si no lo hacemos con los demás. “En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.” Santiago 3:18

Para saber cómo debemos de tratar a los demás, debemos preguntarnos ¿Cómo quiero que Dios me trate? Si respondemos esta pregunta con sinceridad, ya tendremos una idea de cómo desenvolvernos con nuestros prójimos.

Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo. Efesios 4: 32(NVI)

Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. 2 Timoteo 2:24(NVI)

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