lunes, 4 de abril de 2011

Ayudante silencioso


El descubrimiento de la penicilina revolucionó el cuidado de la salud. Antes de los años 40, las infecciones bacterianas eran a menudo fatales. Desde entonces, la penicilina ha salvado incontables vidas matando bacterias dañinas.

Los hombres que reconocieron su potencial y la desarrollaron para su uso generalizado ganaron un Premio Nóbel en 1945. Mucho antes del descubrimiento de la penicilina, había otros ayudantes silenciosos que estaban trabajando y destruyendo bacterias para salvar vidas. Estos ayudantes silenciosos son los leucocitos.

Estos esforzados trabajadores son la manera que Dios ha creado para protegernos de la enfermedad. Nadie sabe cuántas invasiones han detenido o cuántas vidas han salvado. Reciben muy poco reconocimiento por todo el bien que hacen.

El Señor recibe un tratamiento similar. A menudo Le echan la culpa cuando algo sale mal, pero rara vez recibe el crédito por todas las cosas que salen bien. Cada día, las personas se levantan, se visten, conducen a sus centros de trabajo o estudios o a la tienda de comestibles y regresan a salvo a sus hogares. Nadie sabe cuántas veces Dios nos ha protegido de sufrir daños. Pero cuando hay una tragedia, nos preguntamos: «¿Dónde estaba Dios?»

Cuando considero todas las cosas maravillosas que Dios hace silenciosamente a mi favor cada día (Isaías 25:1), me doy cuenta de que mi lista de alabanzas debe ser mucho más larga que mi lista de peticiones. -JAL

Lectura: Isaías 25:1-9

Dios sigue dándonos razones para alabarle.

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