miércoles, 21 de diciembre de 2011

Compinche de la Mafia por Max Lucado

Pasaje clave: “Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores” (Mateo 9:13).

Según su historial, Mateo era un recaudador de impuestos del gobierno. Según sus vecinos, era un pillo. Tenía en una esqui­na una oficina de recolección de impuestos y una mano exten­dida. Allí estaba el día en que vio a Jesús. «Sigúeme», le dijo el Maestro, y Mateo lo siguió. En el versículo que sigue encon­tramos a Jesús sentado a la mesa de Mateo cenando: «Jesús estaba comiendo en casa de Mateo» (Mt 9:10).

Una conversación en la vereda no hubiera satisfecho su corazón, así que Mateo llevó a Jesús a su casa. Algo ocurre en la mesa de la cena que no sucede en el escritorio en la ofici­na. Sáquese la corbata, encienda el asador, destape los refres­cos y pase la noche con el que colgó las estrellas en su sitio.

«¿Sabes, Jesús? Discúlpame por preguntarte esto, pero siem­pre quise saber…»

Aunque el hecho de extender la invitación es impresionan­te, la aceptación lo es mucho más. A Jesús no le importaba que Mateo fuera ladrón. A Jesús no le importaba que Mateo vivie­ra en una casa de dos pisos con las ganancias de su extorsión. Lo que le importó fue que Mateo quería conocerlo.

La proporción entre los que no lo vieron y los que lo busca­ron es de mil a uno. Pero la proporción entre los que lo busca­ron y los que le hallaron siempre fue de uno a uno. Todos los que lo buscaron lo hallaron.


Fuente: http://devocionaldiario.org/

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